Cuestión de cuestiones

Parece tan sencillo juzgar la realidad con solo echar un vistazo, decir que el mar es azul por no pararse a mirar al cielo, pensar que la única verdad es la nuestra, sin darle la oportunidad que se merece al resto de personas.

Es fácil convencernos a nosotros mismos de aquello que vemos, obviando por completo al resto de sentidos. No todo lo real está vinculado a la mirada exclusivamente. Ni al oído, al gusto, al tacto… A nuestros pensamientos. Hay todo un mundo de sensaciones y emociones más allá de nuestra piel. Debemos ser capaces de cuestionarnos todo cuanto conocemos para así averiguar la verdadera realidad. No está permitido excusarse diciendo que “nos lo enseñaron así” o que “no sé cómo se hace”. No. No debes permitirte esa actitud.

El ser humano es fenomenal en cuanto a su capacidad de razonamiento. Al igual que lo es por la falta de ese potencial en algunos casos o de un uso destructor del mismo en otros. Es importante querer aprender más, tener curiosidad por todo lo que nos rodea… Averiguar cuál es nuestra verdad. Esa verdad que realmente importa y que se encuentra inmersa en un mar de incertidumbres y mentiras que otros quieren que creamos.

El ser humano es característico por saber cuestionarse la realidad y querer cambiarla. Algunas personas usarán eso en tu contra. No temas, porque tú también puedes y sabes hacerlo. Solo date tiempo y trabaja duro, que tu verdadero camino irá apareciendo poco a poco. Para ello simplemente tienes que absorber vivencias, conocimientos, sentimientos…

Solo es cuestión de cuestionártelo todo. Hasta el insecto más pequeño actúa de un modo en primavera y de otro diferente en otoño por algún motivo. Indaga sobre eso. Averigua el por qué. Construye un sentido alrededor de eso y dale forma para que seas capaz de asimilarlo y aprovechar todo su valor.

Cuestiónatelo todo para no ser un mero borrego que viaja al son de un pastor.

Cuestiónatelo todo para saber la verdad que hay detrás de todo acto, por insignificante que parezca.

Cuestiónatelo todo. Solo así hallarás tu verdad. Esa que te hará ser quien debes y deseas ser realmente y no lo que otros quieren que seas.

 

-Un cuervo anónimo.

Soñé contigo

Anoche soñé contigo. Todo era normal, como siempre… Excepto tu risa… Esa maravillosa risa.

Sonaba tan diferente, tan llena de vida y alegría. No se parecía en nada al llanto, rabia y dolor recientes.

No.

Amor, esperanza, confianza, ilusión… Podían respirarse grandes emociones con solo oírla a lo lejos…

Entonces lloré. Lloré como jamás había llorado…

Exacto…

Lo sabes, ¿verdad?

No eran mis palabras las que provocaban ese feliz sonido.

-Un cuervo anónimo.

Dorado

Dorado_UnCuervoAnónimo

Avena convertida en oro tras el suave roce de tus manos.

[…]

Ahora comprendo el dorado brillo del sol al cruzarse con tu pelo, la gratitud con la que cantan los pájaros al verte o el leve susurro de los árboles cuando estiran sus ramas para poder tocarte.

[…]

Es por eso que iluminas mi vida. Es por eso que la llenas de felicidad.

[…]

Tú. Solo tú sabes cómo hacerlo, con una brisa de esperanza desprendida de tu mirada, de tus labios… De tu aterciopelada piel, que acalora mi cuerpo con cada segundo de contacto.

[…]

No te alejes, pues será entonces cuando el frío invada mi ser.

Será entonces cuando mis ojos no puedan ver y mi voz siga quebrada por no dejar de gritar que te necesito, que sin ti todo se vuelve oscuro.

[…]

Acaricia de nuevo la avena, que quiera verla crecer y volverse sol al compás de tu pelo.

-Un cuervo anónimo.

“Elegía”

“Elegía”

(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
con quien tanto quería.)

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento.
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

El rayo que no cesa, 1936

-Miguel Hernández

Poco se puede decir de estos espléndidos versos de uno de mis poetas favoritos, Miguel Hernández. Pertenece a la obra El rayo que no cesa, publicada en 1936. El poemario es de temática amorosa y está compuesto principalmente de sonetos. Sin embargo este destaca con diferencia por el tratamiento que se la a la muerte y a la marcha de un amigo.

Sin duda, es increíble cómo cada palabra se aferra con fuerza en el alma cuando la lees y va escarbando poco a poco, dentellada a dentellada, como describe el autor.

La semana pasada usaron este mismo poema para una de las escenas más conmovedoras que se ha vivido en la serie Cuéntame cómo pasó, de TVE.

Me siento privilegiado por poder disfrutar de poetas y obras como esta, de tener la capacidad de disfrutarlos y valorar todo lo que transmiten. Creo que tenemos a nuestro alcance verdaderas maravillas y pasamos demasiado tiempo leyendo banalidades que lo único que hacen es ensuciar nuestra mente y nuestro espíritu. Aprendamos pues a discernir entre aquello que merece la pena y lo que no, porque vivimos en un mundo que aprecia más la cantidad que la calidad.

Espero que, desde el uso de las palabra de este maestro de la lírica, hayáis disfrutado y experimentado grandes emociones.

-Un cuervo anónimo.

Calcinada

Un sentimiento intenso y lleno de energía es el que transmiten estos versos. Y, haciendo uso de ellos, puedo “presumir” de haber experimentado esa sensación a lo largo de mi vida más de una vez. Es algo único e inolvidable que se lleva un pedacito de uno mismo, dejando una cicatriz que te recuerde la experiencia.

-Un cuervo anónimo.

Así, como un 8 tumbado

Me calcinaste los labios,

a base de besos,

envueltos en llamas,

y brasas ardientes,

hasta consumirlos,

en

cenizas.

Deva

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Cansado

Estoy tan cansado de todo…

Estoy cansado de ti, de mí, de nosotros como un todo. De él, de ella, de ellos como algo ajeno a mí. De vosotros, que me observáis desde la distancia, sin importaros lo más mínimo lo que ocurre en mi vida. Estoy cansado de las falsas apariencias, de las sonrisas asesinas maquilladas con alegría. Estoy cansado de ver cómo pasan los días y lo único que quiero hacer es desaparecer. Desaparecer para siempre…

Estoy tan cansado…

Cansado de estar a la sombra de otros, de hacer que otros estén a mi sombra. Del egoísmo de todos los que me rodean; incluso de ser un asqueroso egoísta. Estoy cansado de dar sin esperar recibir nada a cambio, y de no dar cuando realmente es necesario. De pedir ayuda y que todos los oídos sean sordos porque ellos no se llevarán beneficio alguno, de tener que afinar el mío propio cuando los demás me necesitan para su goce…

Estoy tan jodidamente cansado…

Cansado de mirar al espejo no saber a quién estoy viendo, o ver algo que no desearía ver. De ver a los demás juzgarme con total libertad, sin pararse a preguntarme qué me está pasando, qué estoy pensando… De imaginar que los demás me juzgan, y de que me hagan creer que me lo estoy imaginando. Estoy cansado de cuestionarme cada pequeño detalle que perciba; de no prestar la verdadera atención que otras cosas importantes merecen. De no darte todo lo que te mereces y de no saber si yo merezco siquiera que me mires.

Tan cansado…

De ver y no mirar, de oír y no escuchar… De llenar mi mente con estupideces que no me servirán para nada; de no ser capaz de almacenar las que son realmente importantes. De creer que el amor crece en los corazones de la gente, cuando solo hay maldad, dolor, ambición, poder… De ver que no todos son lo que parece, porque cada persona te mostrará la parte de la herida que le interese, para que tú, con tu buena fe, acudas en su ayuda desinteresadamente. Para que después, al igual que un pañuelo usado, te tiren con el mayor desprecio que puedas imaginar.

Estoy cansado de que me ignoren, de ignorar… Joder… Estoy tan cansado de todo, que solo quiero dormir. Dormir y no despertar. Porque en mis sueño puedo ser y no ser, sentir y no hacerlo a la vez. Puedo dejarme llevar por las experiencias que se suceden de forma espontánea o controlarlas a mi antojo. Hacer que las ganas de acabar con todo sean reales por un momento.

Estoy tan cansado del descontrol… De querer controlar aquello que no se puede, la vida. Algo tan complejo e impredecible. Tan ruin y bello a la vez. No quiero escuchar a los demás reír a mi costa nunca más. Ojalá sus voces acallen… Para siempre. Ojalá se detengan a preguntarme qué me pasa, qué pienso…

Sé que no les importo, pero ellos dirán que me lo imagino, que no es así… Que siempre me han querido y que siempre me querrán. Permitid que me ría, por favor. Quiero reír a carcajadas mientras me apago poco a poco. Mientras el miedo que en mí habita se aleja para siempre, porque no puedo más… Me devora con sus afilados colmillos desde dentro hacia fuera, convirtiéndome en un montón de despojos sin decisión propia. Quizá me sienta encerrado en mí mismo, quizá sea demasiado libre y eso me asuste. No lo sé. No sé nada y sé mucho, pero de nada me sirve. Quizá solo quiera llamar la atención como otros dicen, aunque nadie sepa el verdadero horror con el que convivo. Quizá sea todo una sucia mentira y sea hora de despertar… Quizá…

¿Enfadado? Puede.

¿Triste? Seguramente.

¿Decepcionado? Demasiado.

¿Asustado? Sin duda.

-Un cuervo anónimo.

Lágrimas

Hoy he vuelto a llorar… Pero mis lágrimas no eran normales… No brotaban de los ojos. Salían de mi boca, acompañadas de gritos y dolor. Lágrimas de verdadera angustia y desesperación. Lágrimas que caen por mí; por este corrompido mundo, porque mi mente no está bien… Porque nada está bien.

Esas lágrimas no eran normales. Aún escuecen cada vez que hablo, cada vez que pienso, cada vez que me miro al espejo y no veo a nadie… ¿Lágrimas de sangre? Tal vez, pero su verdadera composición no es algo tangible, jamás lograrás verlas o tocarlas. Solo yo las siento en lo más profundo de mi ser.

Seguirán cayendo día tras día… Hasta que la sequía alcance mi cuerpo.

Ese día, no habrá más lágrimas… No habrá más dolor…

-Un cuervo anónimo.

Te quise, te quiero, te querré…

Te quise…

como no he querido a nadie jamás. Eras mi mayor alegría. El simple hecho de darte un abrazo, me daba la vida. Justamente lo que fuiste perdiendo al final de tus días. Gracias por tantos momentos llenos de amor y sabiduría. Si echo la mirada al pasado, cualquier buen recuerdo está impregnado con tu presencia. Echo de menos cuando, estando sentado a tu lado, me acariciabas la espalda. ¿Y sabes qué? Nadie me acaricia como tú. Eras primordial para mí, pero te fuiste… Te fuiste donde ya no puedo abrazarte, donde las horas de sol son eternas y ni la oscuridad ni el dolor pueden hacerte más daño; donde, con pesar, nos miras con ternura y melancolía. Te fuiste, y ya no volverás… No lo harás. Eras lo mejor de mi vida, y por eso te quise.

Te quiero…

porque no te olvido. Estás presente en mi día a día, en mis sueños, en mis logros y en mis caídas. Estás presente en cada gesto aprendido, y en otros que no pudiste enseñarme. Te veo en cada esquina de tu casa cada vez que voy. Aunque me duela en el alma no poder tocarte, sé que estás ahí, acompañándola, haciendo que su vida sea más llevadera, más llena de calma. No soporto llamar a ese número de teléfono y no poder oír tu voz… Tu voz, esa voz. Espero no olvidarla jamás. Te quiero como las flores al quieren al sol, como dos amantes se quieren hasta la eternidad. Te quiero muchísimo.

Te querré…

a pesar de que me duela hacerlo, por no poder demostrártelo de verdad. Espero verte reflejado algún día en los ojos de mis hijos cuando les cuente lo maravilloso que eras y todo lo que aprendí de ti. Y deseo tener la suerte de llegar a ser tan grande como tú. Poder ser una persona que lo daba todo por su familia y que recibía todo el cariño del mundo. Quisiera poder estar a tu lado cuando ella venga por mí. Te querré siempre, y nada podrá hacerme cambiar de parecer.

Siempre me decías que lo único que querías era verme feliz, haciendo las cosas de la manera correcta para conseguir ser una gran persona. ¿Puedes verme? ¿Crees que lo estoy haciendo bien? Espero que sí. No quiero defraudarte.

Te echo tanto de menos. Daría cualquier cosa por verte de nuevo y poder darte un abrazo.

Te quise, te quiero, te querré… Siempre, abuelo.

-Un cuervo anónimo.