Lágrimas

Hoy he vuelto a llorar… Pero mis lágrimas no eran normales… No brotaban de los ojos. Salían de mi boca, acompañadas de gritos y dolor. Lágrimas de verdadera angustia y desesperación. Lágrimas que caen por mí; por este corrompido mundo, porque mi mente no está bien… Porque nada está bien.

Esas lágrimas no eran normales. Aún escuecen cada vez que hablo, cada vez que pienso, cada vez que me miro al espejo y no veo a nadie… ¿Lágrimas de sangre? Tal vez, pero su verdadera composición no es algo tangible, jamás lograrás verlas o tocarlas. Solo yo las siento en lo más profundo de mi ser.

Seguirán cayendo día tras día… Hasta que la sequía alcance mi cuerpo.

Ese día, no habrá más lágrimas… No habrá más dolor…

-Un cuervo anónimo.

Te quise, te quiero, te querré…

Te quise…

como no he querido a nadie jamás. Eras mi mayor alegría. El simple hecho de darte un abrazo, me daba la vida. Justamente lo que fuiste perdiendo al final de tus días. Gracias por tantos momentos llenos de amor y sabiduría. Si echo la mirada al pasado, cualquier buen recuerdo está impregnado con tu presencia. Echo de menos cuando, estando sentado a tu lado, me acariciabas la espalda. ¿Y sabes qué? Nadie me acaricia como tú. Eras primordial para mí, pero te fuiste… Te fuiste donde ya no puedo abrazarte, donde las horas de sol son eternas y ni la oscuridad ni el dolor pueden hacerte más daño; donde, con pesar, nos miras con ternura y melancolía. Te fuiste, y ya no volverás… No lo harás. Eras lo mejor de mi vida, y por eso te quise.

Te quiero…

porque no te olvido. Estás presente en mi día a día, en mis sueños, en mis logros y en mis caídas. Estás presente en cada gesto aprendido, y en otros que no pudiste enseñarme. Te veo en cada esquina de tu casa cada vez que voy. Aunque me duela en el alma no poder tocarte, sé que estás ahí, acompañándola, haciendo que su vida sea más llevadera, más llena de calma. No soporto llamar a ese número de teléfono y no poder oír tu voz… Tu voz, esa voz. Espero no olvidarla jamás. Te quiero como las flores al quieren al sol, como dos amantes se quieren hasta la eternidad. Te quiero muchísimo.

Te querré…

a pesar de que me duela hacerlo, por no poder demostrártelo de verdad. Espero verte reflejado algún día en los ojos de mis hijos cuando les cuente lo maravilloso que eras y todo lo que aprendí de ti. Y deseo tener la suerte de llegar a ser tan grande como tú. Poder ser una persona que lo daba todo por su familia y que recibía todo el cariño del mundo. Quisiera poder estar a tu lado cuando ella venga por mí. Te querré siempre, y nada podrá hacerme cambiar de parecer.

Siempre me decías que lo único que querías era verme feliz, haciendo las cosas de la manera correcta para conseguir ser una gran persona. ¿Puedes verme? ¿Crees que lo estoy haciendo bien? Espero que sí. No quiero defraudarte.

Te echo tanto de menos. Daría cualquier cosa por verte de nuevo y poder darte un abrazo.

Te quise, te quiero, te querré… Siempre, abuelo.

-Un cuervo anónimo.

En la oscuridad del pasillo (I)

Llevo despierto una hora, pensando en la pesadilla que he tenido y que no me ha permitido seguir durmiendo. No es la primera vez que ha venido a visitarme. Ni será la última.

Lo cierto es que, imaginándola desde fuera, no parece la típica pesadilla aterradora que hace que te despiertes de un susto y sudando. No es de ese tipo. Es más bien de esas que van haciendo mella poco a poco. De las que te calan en lo más profundo de la mente, generando un temor tan frío e intenso que duele.

Sucede de la siguiente forma:

Me encuentro con mi familia, creo recordar, realizando una tarea cualquiera. Estamos todos hablando de lo cotidiano; la representación de un momento bastante natural. Sin embargo, por alguna razón que desconozco, decido ir a otro lugar de la casa (no mi casa) y salgo al pasillo para acceder a otra habitación, pero me detengo. Se hace el silencio en todo el lugar y la oscuridad se adueña de las paredes que me rodean, siendo esta más espesa al fondo del pasillo. No puedo dejar de mirar en esa dirección. Mis piernas se encuentran firmemente ancladas al suelo; aunque, realmente, no hago movimiento alguno para intentar salir de allí. La negrura del final del pasillo me tiene hipnotizado. Sigo mirando fijamente hasta que consigo ver cómo algo, una figura que no consigo interpretar, comienza a surgir de lo más profundo de las tinieblas. En ese preciso momento surge en mí la verdadera necesidad de huir de allí. El horror se convierte en amo y señor de mi cuerpo. Recorre cada poro de él como lo hace el frío invernal; pequeñas agujas que se te clavan lentamente, desde los pies hasta los ojos, haciendo que no puedas apartar la mirada de ese punto del pasillo. Ese ser no deja de emerger, pero nunca lo hace del todo. Sé que está ahí y él me observa. Estaba esperándome y no va a parar hasta acercarse completamente. La angustia se apodera de mí y cierro los ojos lo más fuerte que puedo…

Aquí despierto y enciendo la luz para poder ver que me encuentro en mi dormitorio, a salvo de cualquier pesadilla que venga a visitarme en sueños; porque las hay que son reales. Tan reales como tú y yo. Pera esas son diferentes, y se puede luchar mejor contra ellas.

El simple hecho de recordar el sueño para plasmarlo aquí, hace que me entren escalofríos. Siempre ocurre de la misma forma, exceptuando que cada vez que me encuentro ahí, estoy más cerca del final del pasillo. Y, en consecuencia, más cerca de esa cosa. No sé qué es ni qué quiere de mí. Aún así, deseo averiguarlo.

Me da pavor que siga acercándose cada vez más a mí, pero creo que es la única manera de ver cómo es y saber si tiene algún mensaje, algo realmente importante que decirme. Espero que llegue ese día. Estaré esperando, con la mente despejada y el blog abierto para escribirlo.

-Un cuervo anónimo.

Tus labios

No he dormido nada pensando en ti, en tu sonrisa. He estado toda la noche intentando dibujarla en mi imaginación, pero me he dado cuenta que es imposible. No soy capaz de acercarme siquiera a crear algo parecido al borde de tu labio inferior sin caer en un error. Solo tú sabes iluminar mis días más oscuros con ese contorneo en tu rostro. Una verdadera ola de felicidad que, acompañada del sonido de tu voz, hacen que pierda la poca cordura que me queda y me sumerja en un auténtico delirio.

He mirado tus labios tantas veces. Besado, acariciado, mordido… Pero, por muy bien que afirme conocerlos, jamás seré capaz de imaginarlos en todo su esplendor. Son una perfecta armonía que me llevan al exilio, dejando atrás el mundo terrenal. Cómo los echo de menos. Cómo te echo de menos, G.

Labios llenos de amor, de vida, de calor, de recuerdos… Sin ellos, mi vida no sería igual. El simple hecho de querer acercarme a observarlos es una motivación que hace de cada día una aventura. Tus labios…. Cómo los echo de menos.

Puede que ahora, después de tantas horas sin dormir, sumergido en un estado casi místico, sea capaz de vislumbrar la verdadera esencia del recuerdo de tus labios, cercanos a lo divino.

Creo que los veo. Si estiro mi brazo un poco más, los tocaré… Los besaré como se besa una noche de invierno, y me arroparé entre susurros para llenar mi mente de verdadera calma. Cómo los echo de menos.

Cómo te echo de menos, G.

-Un cuervo anónimo.

Hablar y escribir

Hablar no sirve de nada si nadie te quiere escuchar. De hecho, lo comparo a la paradoja del árbol que cae en mitad del bosque y que ningún ser vivo ha podido oír. ¿Se puede considerar entonces que el árbol ha hecho ruido si no ha sido oído? Hablando a nadie ocurre lo mismo. La única persona que te va a escuchar eres tú mismo, y eso solo alimenta aún más la naturaleza y el peligro de tus pensamientos. Además, te encuentras condicionado a la espontaneidad y fugacidad de la palabra oral. Un conjunto de palabras que, normalmente, no pensamos demasiado a la hora de soltar por nuestra boca, empeorando aún más el hecho de escucharte a ti mismo.

Es cierto que, en ocasiones, dejar fluir pensamientos a través del habla sin pararnos a pensar en ellos es un gran desahogo y una forma de hacer que el que te escucha, al estar haciéndolo desde fuera, sepa que te ocurre algo. Pero para ello, debe haber alguien que te escuche…

Al igual que existe una diferencia clara entre oír y escuchar y entre ver y mirar, opino que existe (o debería existir) una diferencia entre hablar y el mero hecho de articular sonidos ordenados estructuralmente. Desde mi punto de vista, en el primer caso sabemos que alguien está escuchando lo que estamos diciendo (o al menos eso creemos), por lo que, al ser conscientes de ello, pensamos mejor aquello que queremos expresar. Sin embargo, si nadie va a escucharnos, no prestaremos atención a nuestras propias palabras, dejando así brotar pensamientos, ideas o emociones en un completo desorden cuidadosamente ordenado y estructurado.

Existen teóricos de la Comunicación y la Lingüística que afirman que el pensar y hablar con uno mismo es un tipo de diálogo en el que interviene una persona desde dos polos diferentes de su psique. No creo que esto sea posible del todo, a no ser que esa otra parte de ti tome conciencia propia para escuchar autónomamente lo que dices y así poder “responderte” de manera lógica, generando así una verdadera compartición de palabras (aunque todo esto ocurra en tu cabeza). Considero que eso es posible en momentos en los que nos encontremos verdaderamente rotos o fragmentados interiormente, generándose así otro yo interno con respuesta más o menos independiente. Sí sería bastante probable que ocurriese en los casos de trastorno de la personalidad múltiple, pero eso escapa a mi entendimiento y, además, es un caso totalmente diferente.

Con el acto de escribir ocurre lo contrario, a mi parecer. Al transmitir nuestras ideas o pensamientos al papel, o a un papel digital como es este blog, hemos tenido que decidir previamente el llevarlo a cabo. Nos hemos parado a pensar en escribirlo y, además, en cómo hacerlo. Tomamos así conciencia de aquello que vamos a expresar. Estamos, entonces, otorgándole un verdadero fin más que el simple hecho de emitir sonidos que nadie va a escuchar y que, por tanto, no existen.

Puede que ahora pienses que si nadie va a leer lo que escribas, no sirva para nada, al igual que al hablar a nadie. No creo que eso sea del todo cierto. Al escribir, dejamos un pedazo de nuestro ser en algún lugar. Puede que alguien diferente a nosotros llegue a leerlo algún día o puede que no, pero al haberlo hecho con conciencia (como he dicho antes), su valor y durabilidad aumentan. Además, posiblemente, sean palabras que en un futuro, más o menos cercano, no importa; termines leyendo tú mismo. En ese preciso momento será más real y útil aquello que escribiste. Al contrario que al escucharnos (oírnos desde mi punto de vista) a nosotros mismos, nos encontraremos en un momento temporal, puede que incluso espacial, diferente al que empleamos para impregnar esas páginas, físicas o digitales, con nuestras palabras. Por ello, seremos capaces de leer con cierta perspectiva mental y, en consecuencia, entender y razonar lo sucedido en aquel momento con mayor acierto que si nos escuchásemos articular sonidos espontáneamente para desahogarnos.

Tras esta reflexión, os invito a escribir, a dejar verdadera constancia de todo lo que pensáis, sentís o deseáis; porque puede que un día sea útil a alguien que realmente lo necesite. O, mejor aún, a vosotros mismos.

-Un cuervo anónimo.

Pudo más

¿En qué momento el miedo pudo más que las ganas de seguir adelante?

A diario lucho contra el miedo a lo desconocido, a cometer nuevos errores que me devuelvan a momentos ya pasados que no quiero revivir; el miedo al no ser capaz, al qué dirán, a la decepción, al dolor, al amor sin reproches, por el simple hecho de no creer que exista. Miedo al cariño, a recordar, a olvidar… Y lo peor, miedo a mí mismo; el peor de todos.

Mirar al espejo y ver la sombra de alguien a quien no conoces. Alguien que es capaz de destrozar todo tu mundo con solo un gesto, sin saber cómo evitarlo. ¿En qué momento el miedo pudo más?

No digo que sea imposible continuar, pero sí difícil. Muy difícil. Al fin y al cabo, nadie puede hacerte más daño que tú mismo, ya que nadie conoce mejor tus miedos, tus alegrías, tus penas, tus aspiraciones, tus posibles metas… Incluso ahora, que me encuentro escribiendo estas palabras, él no quiere que termine. No quiere que se sepa la verdad, pero he de contarla. El mundo debe saber que no estoy solo y que jamás lo he estado.

¿Y si realmente es esto lo que deseo? Puede que sencillamente tenga miedo de perder esa parte de mí que me hace diferente, que me hace ser autodestructivo, aportándome cierta fuerza a la par que temor. Quizás lo necesite. Quizás él me necesite y por eso no me deja marchar.

¿En qué momento el miedo pudo más?

-Un cuervo anónimo.

Comienza a caminar

Dicen que los primeros pasos son importantes. Con ellos muestras al mundo cuan firme caminas, si tu rumbo es recto o más bien vas por la vida dando palos de ciego, puede que dejes ver que posees cierta tendencia a grandes aspiraciones que escapan de lo terrenal o que simplemente te limites a ser un transeúnte más en un caos en constante intento de equilibrio.

¿Acaso es tan importante? Si vamos a juzgar a cualquier individuo por sus primeros pasos en un ambiente nuevo para él, ¿no estaremos cayendo quizás en un terrible error?

En primer lugar, debemos saber que cualquier inicio es duro. Cierto es que hay personas que tienen un don para realizar algunas tareas, pero eso no hace que sean perfectas. Esa es la única perfección del ser humano, el ser puramente imperfectos.

Lo daremos todo desde el principio, nos llevaremos enormes decepciones, noches en vela cuestionándonos nuestro por qué en aquel lugar, nuestro para qué. Cometeremos errores que nos gritarán a la cara que dejemos que estamos haciendo, que nos dediquemos a algo mejor… Ríete de ellos, pues con el sonido de sus burlas crearás maravillosas canciones. ¿No es en esencia eso la vida? El poder equivocarse y aprender de ello. El ser mejor cada día gracias a todos los fallos cometidos. Sí señor, eso es… fallos. Y no debemos tenerles miedo, porque algún día nos alegraremos de haberlos llevado a cabo. Por eso no es bueno juzgar a nadie por sus primeros pasos. Para nada.

En segundo lugar, si hacemos eso, estaremos condicionando la visión de esa persona sobre aquello que le rodea y su capacidad para expresarse. Nadie tiene el derecho de reprimir su ilusión y sus ganas de aprender y dar más.

Alguien me dijo una vez que si haces algo, lo hagas bien. Así no tendrás que repetirlo dos veces. Yo digo: si haces algo, disfruta, sé tú mismo, sin importar las veces que tengas que hacerlo. Haz que todo lo que crees sea especial, sea un regalo para el mundo por el simple hecho de ser único. De ser tuyo. Atrévete y camina sin miedo.

-Un cuervo anónimo.